Te contamos los pros y contras de comprar un coche eléctrico en 2021.

Los coches eléctricos han irradiado con fuerza en el mercado en los últimos años. La necesidad de ofrecer una solución “ecológica” a los coches tradicionales de combustión ha hecho que la mayoría de fabricantes opten por ofrecer al menos un modelo de su gama en versión 100% eléctrica.

Si bien es cierto que, en países como Noruega, la cuota de matriculación de vehículos eléctricos supera ya a los convencionales, en España la realidad es bien distinta, con una cuota de mercado que apenas supera el 2% del sector y que, aunque las cifras se incrementan notablemente cada año, todavía estamos lejos de países europeos que sí han promovido políticas más agresivas con la movilidad eléctrica.

Esta realidad pone de manifiesto las limitaciones con las que se encuentra el vehículo eléctrico en nuestro país y que vamos a pasar a analizar.

Una tecnología aún por desarrollar.

Este es uno de los principales argumentos con los que podemos encontrarnos cuando preguntamos a alguien si está dispuesto a invertir en un coche 100% eléctrico. 

Si bien es cierto que en el mercado actual podemos encontrar vehículos eléctricos con grandes autonomías que superan los 600 kilómetros, los ciudadanos todavía perciben estos automóviles como tecnologías en desarrollo que necesitan más años para madurar y mejorar. 

Por otro lado, el desconocimiento por parte del usuario del funcionamiento de las baterías en los vehículos es otro de los hándicap: mantenimiento, ciclos de carga o posibles fallos y averías disuaden de algún modo al comprador a optar por este tipo de coches.

Precio semi-prohibitivo (cada vez menos)

El precio es algo que en 2021 sigue siendo un problema para la adquisición de un vehículo eléctrico. A pesar del incremento de la oferta por parte de las marcas, los costes de adquirir un vehículo eléctrico siguen siendo superiores con respecto a un vehículo de combustión. Si a ello sumamos que actualmente contamos con los vehículos de gasolina y diesel más eficientes, nos encontramos con un escenario poco alentador para optar por la movilidad eléctrica.

Tomando como referencia la comparativa realizada por movilidadelectrica.com en su artículo “los 10 mejores coches eléctricos de 2021. Guía de compra” podemos comprobar como el precio de partida de un vehículo se encuentra cerca de los 20.000€, siendo este un precio para un utilitario del segmento B sin grandes pretensiones en prestaciones.

Si bien es cierto que el precio  de compra es superior, esto se compensa rápidamente con el uso de combustible. En los coches eléctricos el gasto de moverte es drásticamente inferior al de un vehículo a motor, lo que te permite amortizar el gasto en pocos años.
Falta de infraestructura

La idea con la que nació el coche eléctrico es sencilla. Acostumbrados a cargar nuestro smartphone todas las noches, el sistema de carga del coche eléctrico replicaría este patrón. Cuando lleguemos a casa después de la jornada laboral, enchufamos a nuestra toma de corriente el vehículo dejándolo cargar así durante toda la noche para que cuando volvamos a cogerlo a la mañana siguiente disponga de su autonomía completa.

Pero lo cierto es que la realidad es diferente; si hablábamos que el coche eléctrico cuenta todavía con un precio elevado, nos enfrentamos también a la escasez de puntos de carga públicos y privados donde poder hacer uso de ellos para nutrir de electrones a nuestro automóvil. Las personas que cuenten con garaje propio podrán hacer frente a la inversión de instalar un cargador de corriente trifásica con el que cargar su coche, pero aquellos que no dispongan de garaje particular o guarden su coche en un garaje común, esta limitación merma de forma directa la posibilidad de carga tu vehículo a diario.

Averías y mantenimiento

El mantenimiento es algo necesario en cualquier vehículo. Nuestros automóviles están diseñados para que se revisen cada ciertos kilómetros y así podamos detectar componentes que reemplazar o pequeñas averías que, detectadas a tiempo, pueden prevenirnos de problemas más graves.

Los coches eléctricos tienen un mantenimiento más simple que los vehículos de combustión al no tener partes mecánicas que giran unas con otras. Esto permite que dilatemos más el mantenimiento de nuestros automóviles y por ello podamos ahorrarnos los costes.

No obstante, las baterías de los vehículos, su alma mater, suelen sufrir deterioros con el tiempo, pues están sometidas a continuas cargas y descargas, lo que en ocasiones hace que puedan dar fallos de sistema y haya que acudir a un taller especializado en este tipo de vehículos. Si nos fijamos con que no todos los talleres cuentan con la formación necesaria para tratar estos vehículos, podemos encontrarnos con una verdadera encrucijada donde, dependiendo de la gravedad de la avería, puede que el precio de la factura sea, en algunos casos, desorbitada.